domingo, 17 de marzo de 2013

el glorioso ejército del Duque de Alba



El heroico ejército nacional, heredero de las ínclitas huestes del Duque de Alba, ha vuelto a poner una pica en Flandes. Bueno, quien dice en Flandes, dice en Diwaniya (Irak), el Guantánamo español. Reeditando la gesta de los muy católicos reyes monta tanto encima pero no debajo, terminaron de reconquistar tierra mora, imponiendo la paz con la cruz y la patada certera al moro, que renuente a la pax hispánica no entendían que aquello venía obligado por la razón del espíritu hegeliano. Pero, cómo pedirles a aquellos hijos de la torcida estirpe de Ismael, engendros del vientre de Agar, cómo esperar digo, que entiendan el bien que se hace a su pueblo, exportando la democracia, el más alto estadio de la razón hegeliana. Patear sus costillas y sus cabezas son daños nímios, insignificantes, daños colaterales -si no lo digo, reviento-, en nada comparables al cumplimineto de un mandato civilizatorio e histórico. Cómo esperar que entiendan a Hegel, si ni siquiera se entiende  lo que escriben con esos garabatos de aviesas letras que ni un parvulario con el Rubio nº1 podría empeorar. No quiero dejar de apuntar que esta misión de paz, queda encuadrada en la operación intitulada: Petroleo, ese oscuro objeto de deseo, que nuestros aliados en la reconquista de los pagos al moro, han culminado con esplendor sin par.

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